El Sargento Peeper
El sargento Pepper estaba tan o casi tan loco como yo, y digo un como yo porteño de esos retruenganos acampanados pantalones de campaña o asincompados badajos que llevan los gauchos entre las piernas cuando salen de marcha por el Space de Ibiza o Madrid, me toca la polla, valga la redundancia.
De todos modos tan poco creo que este tipo estuviera tan loco como yo de pastilla, o inyectado de heroína, o presa de un ataque psicotrópico de furia retenida de esos que hacen que se te inflame el hígado y te salga espuma roñosa por la boca… ni mucho menos, ni tan pedo que tocara los techos de los garitos como yo el día que estuve de marcha por Viena con Mónica, que resulto ser actriz Porno, por no ser reconocida en otros géneros donde los protubervios ya se habían asociado en sindicatos y amenazaban con amotinarse. Porque Mónica, se expresaba y en realidad eso es lo que importaba del asunto, que Mónica se expresaba como podía y no como yo quería…
El sargento Pepper tenia siete puertas abiertas en el cráneo , una de esas puertas daba vueltas sobre si misma a lo Pocholo y tenia una nacionalidad propia.
El Sargento, cada mañana paseaba alrededor de su cabeza, buscando nuevas imperfecciones , bacterias que hubieran proliferado, hongos que comer que hubieran surgido mientras el fingía que dormía, haciendo que roncaba, para tener siempre bajo control, las puertas de su cabeza. Esto siempre le costaba un poco mas si bebía, pero con la farlopa le iba mejor, le calmaba, aun corriendo el riesgo de que le llamaran , comebolsas, muerdealmohadas, soplanucas, limpiaombligos, mascachapas o maldito hijo de puta, zorra, arpia, frígida,,,por el interés te quiero Andrés, y un sin fin de absurdeces y cosas sin importancia, que al sargento le soplaban la polla como a mi lo del Space de Madrid o lo de Ibiza, que es en lo único que coincidíamos.
Al Sargento, los Cambios Climáticos le importaban un carajo y no le calentaban en absoluto la chincheta, a la hora de orinar en plena calle, o como el día que custodiando su mierda de cabeza y sus jodidas puertas, se encerró en un baño publico de un palacio del retiro para masturbarse con toda la verga embadurnada de crema autobronceadora y se le quedó toda la pija naranja y el dedo con el que había comenzado a levantar la cosa…se lo metió en el culo cantando el cara al sol y fingió no haberlo visto, hizo la vista gorda… por lo que corrió asustado a comprar almendras garrapiñadas y a buscar su guante, (en este preciso instante, su uniforme estaba hecho jirones, sucio y con una flor seca en la solapa), lo del uniforme y los galones del señor Pepper era otra historia, se acabo la alegría, la mala vida…pensó.
El Sargento era como un chocolate con almendras y lo sabia, además de tener mucho cuento con el crecimiento desproporcionado de su cabeza. las puertas eran cada vez mas anchas, mas altas, las jambas mas difíciles de guardar seguras o custodiar ante las constantes envestidas de los transeúntes que se metían por ellas como pedro por su casa, si fuera el subte en Argentina, o como si fuera el puto metro con codazo en boca si fuera Madrid o como si fuera el Fuckin underground donde a nadie le importaba un carajo el puto Sargento Pepper que sirvió a tantos países, que gano tantas guerras, que evito que destrozaran naciones enteras destruyendo otras naciones enteras, con mujeres perros y niños, para que no fueran aniquiladas las otras perras , mujeres y niñas de las naciones que eran licitas y proclives de defender, nadie en el podrido y asqueroso metro parisino o de Liverpool, o Manchester(no me acuerdo)…donde aquel grupo de escarabajos peloteros que escribieron una canción para este Hombre denominada ”Sgt Peppers”Lonely, que era una profecia y resulto ser una falacia, porque de solo este pobre hombre con el asunto de su cabeza, no tenia, nada, y menos de pobre Hombre…tenia nada, nada tenia en realidad.
Además, paso por Fnac para comprarle un libro a Madonna y le tocaron aquel tema ”Por un cabeza”, imaginaros amigos, a estos músicos octogenarios, les importaba una mierda que nuestro antagonista, tuviera este problema de crecimiento glandico de mierda de pelotas de cerdo en la cabeza y que tuviera abiertas las siete puertas al infierno, por donde se le escapaba la puta vida.
El Sargento Peppers, se sentó en un bar de Viejos, de barrio, de arrabal, de mala muelte, antro, tugurio, cochiquera, chafardina, bar refrito, tragaperras, zarajos de cuenca, gallinejas y jarandillos y se dejo morir y se fumo mil porros, y pensó en irse a Cadiz, a la estupida idea esa de montar un chiringo y no podía ni morirse, menuda putada pensó incapaz de detener lo que estaba sucediendo…”no somos nadie”…pensó.



